Devocional: El Misionero Transcultural

Por Richard Harknett, misionero británico de las Asambleas en Perú

En 2006, a los 5 meses de casarnos, mi esposa y yo nos mudamos al Perú. Fue un choque grande en todo sentido – la cultura, el idioma, la comida, las bacterias… todo. Habíamos pasado por una etapa de capacitación y preparación: un año en un instituto bíblico con un enfoque en las misiones además que la experiencia en varios equipos a corto plazo a diversos países. Sin embargo, no hay nada que puede preparar a una persona por completo para tomar este paso.

Algo que nos animó mucho al principio era reflexionar en la vida de nuestro Señor Jesús. A veces, las diferencias entre nuestros hogares (Inglaterra y Canadá) nos parecían grandes. Pero ¿cómo debe haber sido para Jesús?

Si queremos un ejemplo de un misionero transcultural, no tenemos que mirar más allá que a Él. Jesucristo, ‘aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que Se despojó a si mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló El mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte en la cruz.’ (Fil 2:6-8 NBLH).

Es imposible que nosotros comprendamos el ‘choque cultural’ que experimentó. Dejó la gloria celestial para venir a la tierra. Estuvo dispuesto a tomar carne, entrar en nuestro mundo y sufrir a nuestro lado. En vez de ser servido y adorado por miríadas de ángeles, sirvió a los hombres y al final fue rechazado por su propia creación. A pesar de su divinidad, se humilló porque eso fue necesario para cumplir con su misión y fue golpeado y crucificado.

Antes de volver al cielo, le dio a la iglesia su tarea – que ‘vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones.’ (Mt. 28:19 NBLH) La obra transcultural es implícita. ¿Cómo alcanzamos a las naciones si no salimos de una para ir a otra? Pero hay otro elemento a considerar. Mientras algunos cumplen con eso por salir de su país para viajar a otro, la mayoría se queda. Es fácil considerar al primero como ‘transcultural’ mucho más que este último. Quizás no debemos pensar así siempre.

En nuestro mundo moderno cada creyente es llamado a la obra transcultural. Sin salir del Perú, hay tres zonas muy distintas: costa, sierra y selva. El movimiento de personas significa que para muchos el mundo viene a nosotros. La obra en el campo es muy diferente que la obra en la ciudad. Sin salir de nuestro barrio, debemos considerar las generaciones y las misiones entre niños, adolescentes, adultos, solteros, parejas, gente mayor etc. Hoy en día, cada uno puede ser una sub-cultura en sí.

La Gran Comisión implica que no esperamos que ellos se acomoden a nosotros y a nuestra forma de pensar. Es nuestra responsabilidad imitar a nuestro Señor y tomar el primer paso. Es nuestra responsabilidad adaptarnos y buscar la mejor manera de comunicarnos con ellos. Eso es la obra transcultural. Pero recordemos que Jesús no nos envía a hacer algo que él mismo no ha hecho antes. Él es nuestro modelo y nuestro ánimo.

Cuando luchamos, oramos a uno quien entiende nuestras dificultades porque las ha experimentado, aunque a otra escala superior. Que nos dé la fortaleza y el discernimiento para cumplir con la tarea que nos dejó.

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